Era incontrolable, dominado por otros, estos colores dentro de mí, mirando un mundo en blanco y negro; sin desprecio, con ganas de gobernar, con demasiada negligencia, no me dejaron más remedio que rendirme. Era el momento, había que romper el relámpago, e inclinarse ante la lluvia, donde las promesas se han roto, y el dolor aún reina. Tenía que renunciar a mí mismo y traer vida al mundo, tenía que hacerlo. Teñir

Antonio Liccione