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Miseria y grandeza de este mundo: no ofrece verdades, sino sólo objetos para el amor. El absurdo es el rey, pero el amor nos salva de él.

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Y durante cinco años ya no fue posible disfrutar del canto de los pájaros en el fresco de la tarde. Nos vimos obligados a desesperarnos. Estábamos aislados del mundo porque a cada momento se aferraba toda una masa de imágenes mortales. Durante cinco años la tierra no ha visto una sola mañana sin agonías de muerte, una sola tarde sin prisiones, un mediodía sin matanza.

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Nunca creíste en el significado de este mundo, por lo que deduciste la idea de que todo era equivalente y que el bien y el mal podían definirse según los deseos de cada uno. Suponías que en ausencia de cualquier código humano o divino los únicos valores eran los del mundo animal, en otras palabras, la violencia y la astucia. De ahí concluiste que el hombre era insignificante y que su alma podía ser asesinada, que en la más loca de las historias la única búsqueda del individuo era la aventura del poder y su propia moral, el realismo de las conquistas.

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Yo pertenezco a una nación que desde hace cuatro años ha comenzado a revivir el curso de toda su historia y que con calma y seguridad se prepara desde las ruinas para hacer otra historia… Tu nación, en cambio, ha recibido de sus hijos sólo el amor que merecía, que era ciego. Una nación no se justifica por tal amor. Esa será tu perdición. Y tú que ya fuiste vencido en tus mayores victorias, ¿qué serás en la derrota que se acerca?

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Conocí a un hombre que entregó veinte años de su vida a una mujer atolondrada, sacrificándolo todo por ella, sus amistades, su trabajo, la respetabilidad misma de su vida y que una noche reconoció que nunca la había amado. Se había aburrido, eso es todo, aburrido como la mayoría de la gente. Por lo tanto, se había hecho de la nada una vida llena de complicaciones y dramas. Algo debe suceder y eso explica la mayoría de los compromisos humanos. Algo debe suceder, incluso la esclavitud sin amor, incluso la guerra o la muerte.

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Mamá solía decir que por muy miserable que uno sea, siempre hay algo por lo que estar agradecido. Y cada mañana, cuando el cielo se iluminaba y la luz comenzaba a inundar mi celda, estaba de acuerdo con ella.