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Miseria y grandeza de este mundo: no ofrece verdades, sino sólo objetos para el amor. El absurdo es el rey, pero el amor nos salva de él.

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Ahora sabía que era su propia voluntad de felicidad la que debía dar el siguiente paso. Pero si iba a hacerlo, se dio cuenta de que debía aceptar el tiempo, que tener tiempo era a la vez el más magnífico y el más peligroso de los experimentos. La ociosidad es fatal sólo para los mediocres.